martes, 6 de marzo de 2018

ROSA ESOTÉRICA Cap 12 y CAP 13


LA ROSA COMO SIMBOLO
Los Teósofos se han asido, como Rosa Simbólica, a la Flor de Loto y le dedican una verdadera veneración. Sus pétalos y sus hojas simétricas, es algo poético, como su forma de crecer y desarrollarse, pues extendidas sus raíces por el fango, va lanzando el tallo hacia arriba a través del agua para luego ofrecer su flor cara al Sol.
Es esto verdaderamente simbólico y delicado para los espíritus religiosos, pero no único. Abrase una Botánica y encontramos centenares de flores iguales en nuestra zona sin necesidad de basarnos exclusivamente en la de la India. Todavía a la Flor de Loto, le falta algo muy esencial para prestarse del todo a un símbolo que es el Aroma. Carece de él en absoluto y si en ciertas regiones conserva alguno, es un olor detestable.

Cuán diferentes son nuestras Rosas. Plantadas en el fango, van poco a poco removiéndolo y quemando químicamente esas escorias hasta transformarlas en tallo, en hojas, en flor, en aroma riquísimo…
En eso estriba su gran valor y enseñanza ética. Nosotros, como las Rosas o como plantas que las producen, vivimos constantemente en la miseria, en el fango de nuestro vivir  hediondo  y  crapuloso  y  hemos  de  transformarnos,  quemando  nuestras  propias escorias, para que en nosotros surja un día el Hombre virtuoso y esencial. Es decir, hay que verificar o realizar el milagro por consunción de convertir nuestra naturaleza animal en espiritual, el Ángel malo en bueno, nuestras sombras en luz radiante…
La Rosa es un símbolo de Belleza. Pero ese símbolo no nace ni de su forma, ni de su  color.  La  tonalidad  de  sus  matices  podrá  ser  un  verdadero  iris  con  variedades divinamente combinadas. Su forma, será la más adecuada y simbólica.
Todo en ella se prestará para dar la sensación más estricta de la Belleza, pero su verdadero valor intrínseco, está en su conjunto, en su totalidad. Ya Homero, en su lírica, la compara con el Alba de la Mañana y canta extáticamente ante su conjunto, como un Sol expresivo.
La Rosa es el símbolo del Amor. Los pueblos antiguos así lo entendieron y la ofrendaban a los Dioses del Amor de ambos sexos. Teócrito cuenta, que los enamorados se pasaban mutuamente sobre los dedos, hojas de Rosas y si soñaban, forzados por este dulce sortilegio, eran para ellos una gran prueba de amor y de fidelidad.
En Tannhausser dice Wagner: A quien el corazón se le inflame de amor lleva una corona de Rosas. Y otro vate de épocas pasadas, exclama: Que tan pronto veía a una
mujer todo se le transformaba color de rosa…
Por un cuento germano medieval, se sabe de una mujer muy hermosa que se encuentra encerrada en una Torre inaccesible para su pretendiente. No sabe éste qué hacer para estar cerca de la bien amada y entonces intenta ponerse un vestido color de rosa, cubriendo con frescas y fragantes rosas todo su cuerpo y haciéndose introducir dentro de un cesto adecuado para ser transportado a la Torre. Los portadores del cesto, al notar un peso excesivo, suponen que sea el rocío el que ofrece aquel peso y no se atreven a tocar, porque


sólo la Dama deberá posar sus manos sobre las gotas de rocío. Como en todos los cuentos, los dos amantes se unen por haber sido él traído con Rosas.
La Rosa es el símbolo de la Felicidad. Ya Cicerón expresa, que los felices tienen
lecho de Rosas…
Cuando el valiente mexicano Cuahtemoc fue amarrado a un banquillo por orden de Cortés mientras sus pies se abrasaban en una hoguera para arrancarle el secreto del lugar donde había sido depositado el Tesoro Imperial, uno de sus Ministros llenos de dolor le gritaba: ¡Emperador! Decid dónde tenéis escondido el oro. Ved cómo sufro… Y Cuahtemoc, con toda calma, se volvió hacia él respondiendo: ¿Crees tú que yo estoy sobre
un lecho de Rosas?…
La Rosa es el símbolo del Sigilo, del Silencio. En los antiguos misterios, no faltaba jamás la Rosa, tanto dentro del Santuario como en el Pórtico donde el Guía le llamaba la atención al Neófito sobre tal emblema expresándole que tan sólo era elocuente por su presencia y por el misterio que en ella se encerraba, pero que nunca hablaba. Con esto quería decirle - y así se lo recomendaba - que había que ser mudo y callado como lo era la Rosa.
Entre  los  antiguos  Germanos  y,  sobre  todo,  entre  los  Caballeros  de  la  Mesa Redonda que buscaban el Santo Grial, se usaba una corona de encina colgada o puesta sobre la Mesa y en el centro se destacaba una Rosa como símbolo del silencio.
En muchas Casas Municipales o Alcaldías de Alemania, cuyos edificios aun se conservan intactos desde la Edad Media, encontramos en la Sala de Sesiones una Rosa tras los  asientos.  En  los  mismos  protocolos  encerrados  en  los  Archivos,  se  puede  leer claramente que tal o cual miembro del Consejo fue destituido, por haber lesionado la Rosa de su asiento siendo indiscreto y habiendo divulgado los acuerdos que se había comprometido silenciar en reuniones secretas.
Dicen algunos Oradores de aquellos tiempos que así como las hojas de la flor de la
Rosa están unidas sin dejar penetrar lo más mínimo, de igual manera debe ser el secreto, intransitable.
La Rosa es el símbolo de la Instabilidad que preside a todo lo que nace y muere… Hoy vemos la Rosa, fresca, erguida y lozana. Mañana, amarilla, lacia y mustia… Así en los Misterios antiguos, la Rosa blanca era el símbolo de la Muerte y el emblema de la destrucción.
La Rosa, es un constante memento mori que a cada paso debe hacernos recordar que somos de polvo y en polvo hemos de convertirnos. Es un anuncio permanente de que la muerte nos ronda a cada instante.
Verdaderamente que es curioso, que en ninguna ocasión, falten las Rosas. Ella la ofrecemos a la mujer amada y aun después la vemos colocada sobre el ataúd de la pobre novia muerta…
Finalmente, es el símbolo de la Virginidad. Todo lo que sea puro, inmaculado, limpio y pudoroso, está encarnado en la Rosa que nunca pierde su perfume aunque manos impuras la toquen. La misma flor de azahar, en algunos países, es puesta en manos de la desposada como símbolo de su virginidad. Al nacer el Sol, se habrá rasgado el velo de Himeneo como se habrán marchitado las flores de azahar…

LA LEYENDA DEL SANTO GRIAL
Belleza de las Andaluzas.
El Cáliz que, como lluvia bendita, recogió la sangre del Salvador en el Gólgota. La Copa Sagrada que recibió en su seno aquel divino emblema de Redención, estaba en aquellos tiempos bajo la custodia de los Esenios para venir más tarde a ser depositada en la Santa Montaña de Monserrat donde permanece invisible ocultándose de aquellas miradas profanas que aún no han aprendido a mirar al cielo.
Pero desde la custodia de los Esenios, no vino directamente a Monserrat. En poder del Santo José de Arimatea, estuvo antes depositado en varios lugares y, sobre todo, pasó con él dos veces por España quedando guardado temporalmente en dos de sus Templos Iniciáticos.
Según se lee en tradiciones y apuntes esotéricos recogidos en Irlanda, donde tocó primeramente, fue en Galicia. Allí fue recogido en una Montaña en la que todavía se guarda un Cáliz Sagrado, cuya existencia muy pocos pero buenos Gallegos conocen.
Luego vino a parar a la sierra de Aracena en la Provincia de Huelva, ocultándosele en una cueva donde existía un Templo Iniciático cuyo plano se dice actualmente que ha sido encontrado entre los Manuscritos del insigne Arias Montano.
Pero como el Santo Grial, el Cáliz misterioso, por donde quiera que va reparte su influencia y su divina belleza, de ahí la hermosura y el bello rostro de las Andaluzas que son fama por todas las Regiones españolas.
Cuentan las Leyendas bíblicas que la Sabiduría del Rey Salomón era tanta y de tal magnitud que la noticia de su preponderancia había invadido el mundo entero. Entonces, llegó a oídos de la Reina de Saba, hija del Rey de Yemen de nombre Hadhad.
Gracias a la presencia del Grial en una de las Colonias de este Rey que él había visitado, denominada Gades (hoy Cádiz, España), logró tanta belleza física que hasta los mismos  Dioses  se  enamoraron  de  él.  Su  hija  Balkis,  la  Reina  de  Saba,  heredó  esa exuberante belleza cuya cualidad, gracias al Grial, se propagó por toda la comarca.
Cuando la Balkis fabulosa, desbordante de púrpuras y deslumbrante de gemas visitó a Salomón, llevó con ella el Santo Grial y un séquito de mil jóvenes de ambos sexos cuya extraordinaria belleza verdaderamente asombraba.
Para que Salomón demostrara si tenía las cualidades y aptitudes necesarias para ser digno guardador y custodio del Santo Cáliz, la Reina de Saba lo sometió a varias pruebas. Una de ellas consistía en adivinar quiénes, entre los mil andaluces, eran varones o hembras, pues era tal la hermosura y suavidad de sus rostros, que se confundían con sus adornos de Rosas y montados de igual manera en mil caballos blancos.
Para salir airoso de esta prueba, ordenó Salomón que los mil jinetes se despojaran de sus guirnaldas de Rosas y se lavasen la cara. En el modo de ejecutar estas manipulaciones, pudo conocer y distinguir ambos sexos…
La Reina de Saba regresó a su País de Andalucía acompañada de aquellas deslumbradoras bellezas que había llevado en su séquito.
El Cáliz quedó en el Templo de Salomón…
Sólo aquella belleza primordial sigue existiendo entre los Andaluces como divina emanación de la Copa Sagrada.
………….…………………………………………………………………………………… Hoy, el verdadero Grial, el Cáliz Sagrado, está en Monserrat. En tiempo oportuno,
pasó al estado de Jina haciéndose invisible porque sus efluvios y la luz pura, radiante, de su intrínseca y santa Divinidad, sería un daño manifiesto para el hombre de esta época cuya naturaleza, demasiado animal, no resistiría tal influencia.
He aquí por qué debemos ir quemando nuestras propias escorias a semejanza de la planta que surge del cieno. Quemar nuestro propio cieno es quemas esas escorias que traemos como rémora maldita en nuestra evolución, hasta que el tallo, nuestra propia vara florezca como la de José de Nazareth, y la Rosa se encienda en mitad de nuestra Cruz.
Cuando esto sucede, cuando hayamos conquistado la Rosa - ya que todo el esfuerzo es personal - la Copa Sagrada se hará otra vez luminosa y visible para aquellos que supieron ser héroes a través de toda la engañosa urdimbre de la vida frívola y arrebataron con enérgica y positiva voluntad el Reino de Dios.
Aprended, por lo tanto, a manejar vuestro propio cuerpo. Ha de ser el vehículo de donde  todo  surja  y  en  donde  todo  florezca.  A  semejanza  de  un  acabado  instrumento musical, es forzoso irle templando, afinando, preludiando en sus cuerdas las notas más precisas, hasta que la caja sonora vaya embelleciendo los sonidos y, de entre todos ellos brote su tono, su único tono, la nota pura e inmaculada del Maestro.
Así conoceréis al Grial y vuestros labios un día podrán beber del néctar delicioso que encierra, que es un sagrado Vino de Vida.
Y ya que hemos citado anteriormente a José de Nazareth, recordemos lo que acerca de este Santo Varón cuenta uno de los Evangelios llamados apócrifos.
María, desde su florida juventud, fue orientada hacia el Templo ya que era su vocación más ferviente la de ser Sacerdotisa. Las Puertas del Santuario se le habían abierto de par en par y un juramento solemne hizo sonar en sus labios la sagrada promesa de permanecer virgen…
Desde entonces, fue su conducta de una tierna santidad y sus manos, blancas y puras como  dos  azucenas,  habían  realizado  sorprendentes  milagros…  Esto  hizo  que  los Sacerdotes le encomendaran la confección de tapices para el Altar, pero cual no sería la sorpresa de todos al observar que todo trabajo realizado por María se le convertía en Rosas…
Así pasaron los días, hasta que se aproximó la hora de la ocupación de su vientre… Los mismos Sacerdotes conocían su elección para que recibiera el germen del Espíritu Santo, que había de formar al Nuevo Mesías, y su primer deber fue el de alejarla del Templo  depositándola  bajo  la  custodia de  un  ciudadano  noble  y  honrado  que  supiera respetar tan sagrado depósito…
No sabiendo a quien elegir, acordaron los Sacerdotes dejar el fallo al Altísimo y entonces  idearon  entregar  varas  a  33  varones  de  reconocida  pulcritud  que  habían  de depositarlas tras el Altar, aguardando sobre ellas alguna manifestación divina. Todas estas
varas fueron señaladas con el nombre de cada uno.
Pero aconteció que al ser recogidas las varas en el siguiente día, ninguna presentaba la menor señal o indicación de Dios…
Preocupados los Sacerdotes, notan que faltaba una sola vara por recoger y que ésta pertenecía a José. Interrogado éste por su manera de proceder, respondió, que él estaba viejo y consideraba inútil ir por su vara. Sin embargo, le obligaron a recogerla, para no hacer una excepción, y al serle entregada por el Sumo Sacerdote brotó de ella una Rosa. Esta fue la señal suprema para escoger a José como esposo de María.
¡Qué Evangelio tan hermoso y qué alto simbolismo sexual encierra!…
KRUMM HELLER

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